27 nov. 2011

Relato contra la violencia hacia las mujeres

   Ella estaba sentada en el sofá viendo la televisión. Los golpes habían dejado marca en sus brazos, en su cuello.
   La mente de la joven estaba en la noche anterior. Su novio la había golpeando por llevar falda para salir a dar una vuelta sin él.
   Antes, Sofía pensaba que Samuel siempre tenía razón. Hasta entonces, había aceptado los castigos de su novio, pero a partir de ahora todo iba a cambiar.
   Una hora después, Samuel llegó a casa e intentó besar a Sofía, pero ella se negó y miró hacia otro lado.
   - ¿Qué te pasa, cariño? – preguntó preocupado.
   - Lo siento… pero ya no te quiero – dijo mirando al suelo.
   - ¿Perdona? – en la mirada se veía la rabia que sentía.
   Se alejó de la chica y con su brazo, tiró todo lo que había sobre la mesa. Ella se asustó y dio varios pasos hacia atrás pegándose a la pared. Lleno de ira, Samuel se giró y la miró a los ojos.
   - ¿Cómo me has podido hacer esto? Con todo lo que te he querido…
   El joven se fue y apareció segundos después con un gran cuchillo. Sofía corrió al baño y cerró la puerta. No sabía lo que podía hacer.
   Escuchó a su novio caminar por el pasillo. Le amenazaba con abrir la puerta a golpes, para entrar y matarla.
   La chica pensó en llamar a la policía, pero recordó que tenía el móvil en la habitación, sobre la mesilla.
   - ¿No quieres salir? – escuchó la voz de Samuel. Ella no respondió -. Pues me voy. Aunque te vayas, te encontraré y pagarás por lo que has dicho.
   Se escuchó un portazo y luego nada más. Sofía salió del baño. Estaba asustada.
   Entró en la habitación y metió toda la ropa en la maleta. Pero lo que no sabía, era que Samuel estaba de pie detrás de ella.
   Cerró la maleta y se giró para salir, pero Samuel levantó el cuchillo y sin pensárselo dos veces, se lo clavó en la tripa. Y luego se fue.
   La chica cayó al suelo, pero seguía viva. Sonó el teléfono. Medio minuto después, saltó el contestador.
   - ¡Felicidades, Sofía! Soy mamá. ¿Qué tal te ha ido el día? Espero que te acuerdes de que hoy celebramos tu cumpleaños aquí, cenando todos juntos. Bueno, te quiero. ¡Hasta luego!
   “Yo también te quiero” Fue el último pensamiento de la joven.

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