12 oct. 2011

Almas Ocultas

   Mónica y Carolina eran hermanas gemelas. A los cinco años se podía decir que físicamente eran iguales. Misma altura, pelo negro y ojos oscuros. Pero mentalmente eran dos polos opuestos.
   - Aunque no los veas, están aquí – dijo carolina. Estaban haciendo los deberes en la mesa del salón mientras que su madre preparaba la merienda en la cocina.
   - ¡Eres una mentirosa! – gritó Mónica. Desde que tenían la capacidad de hablar, Carolina decía que podía ver y hablar con lo muertos. Sus padres la tomaron por loca. La llevaron a psicólogos y psiquiatras, sin resultado alguno.
   Poco después apareció Sofía, la madre de las niñas, con un plato en cada mano y un bocadillo sobre cada uno de ellos.
   - ¡Mamá! – Lloriqueó Carolina - ¡Mónica sigue asustándome con lo de los fantasmas! – dijo mientras que Sofía dejaba los platos sobre la mesa.
   - ¡Mónica, no sé cuántas veces te tendré que decir que no le hagas eso a tu hermana! – Exclamó su madre – Estás castigada. Vete a tu habitación y ya hablaremos después – le ordenó. Abrazó a su desconsolada hija, que lloraba fuertemente.
   Enfurruñada, Carolina se fue a su habitación, donde le esperaba fielmente, su perro, Dolly. Se lo encontró en la calle abandonado, y le rogó a sus padres que si se lo podía quedar, hasta que accedieron. Desde entonces, la niña y el perro fueron inseparables.
   Carolina se tumbó en la cama y acto seguido, el perro se acomodó en su tripa. En esta posición, se quedaron dormidos en el más profundo silencio.
   Cuando se despertó era media noche. A los pies de la cama, estaba su perro sentado, con la muñeca favorita de Mónica en la boca.
   Se le pasaron por la cabeza todas las malas pasadas que le había hecho su hermana; y en venganza decidió pintarle la muñeca.
   Los ojos azules ahora eran rojos, en el vestido había una mancha roja, como si fuera de sangre y lo pintó de negro, dándole un toque de lo más siniestro.
   Mientras que lo hacía, deseó con todas sus fuerzas que la muñeca cobrase vida y que hiciera que su familia no existiera, ya que la rabia corría por sus venas.
   Cuando terminó, la dejó en su mesilla y ella y el perro se durmieron en la misma posición en la que lo hicieron antes.
   Esa mañana, al desperezarse se dio cuenta de que todo había sido un sueño, que la muñeca no estaba pintada, pero al salir, su padre, su madre y su hermana estaban sentados en el sofá del salón. Petrificados con cara de terror.

   Unas horas antes…
   Antes de cenar, Mónica, Sofía y Manuel, su marido, se sentaron en el sofá a ver la televisión. Media hora más tarde la muñeca de Mónica apareció caminando como un robot. Lamadre gritó y la muñeca dijo:
   - Vais a morir – afirmó sonriendo. Sus ojos rojos se iluminaron y lentamente los tres cuerpos se transformaron en piedra.